Hay quienes vienen de paso y otros que, aún nacidos lejos, encuentran en una ciudad algo más que un destino: descubren un lugar para soñar. En el espacio Termas, Nuestra Historia, celebramos los relatos que forjan nuestra identidad, pero también aquellos que honran a quienes, sin haber nacido aquí, se hicieron parte del paisaje y de la memoria afectiva de nuestra comunidad. El doctor Nicanor Posse es uno de esos nombres que, aunque hoy suene lejano o desconocido para muchos, fue esencial en el nacimiento del perfil turístico de nuestra ciudad.
El pasado 29 de junio, el abogado José María Posse, nieto del doctor Nicanor Posse, publicó en La Gaceta de Tucumán una crónica emocionante y reveladora sobre el vínculo profundo entre su abuelo y Termas de Río Hondo. Allí se traza el retrato de un hombre adelantado a su tiempo, deportista múltiple, abogado brillante, político comprometido… y sobre todo, pionero del turismo termal cuando este rincón santiagueño era apenas un caserío junto al río Dulce.
Las aguas que cambiaron su historia… y la nuestra
Cuenta el artículo que fue una dolencia familiar —la artritis del padre de Nicanor— lo que lo llevó a descubrir estas tierras. Las aguas termales, recomendadas por sus cualidades curativas, lograron una recuperación sorprendente del anciano, y eso bastó para que Nicanor Posse comenzara a soñar con algo más que alivio: vislumbró un balneario de jerarquía, digno de compararse con Baden-Baden, en Alemania. No lo soñó para sí, sino para todos.
“Le dolía ver la pobreza del lugar, de un pueblo primitivo, con apenas unos centenares de habitantes”, relata su nieto. “Fue de los primeros en publicitar entre sus amigos y conocidos tucumanos las maravillosas propiedades curativas de las aguas termales en aquel paraje”. En una época donde llegar desde Tucumán requería diligencias, balsas y mucha paciencia, Posse entendió que la clave era la accesibilidad. Y no tardó en accionar.
En 1929, gracias a sus gestiones con figuras como el ministro Leopoldo Melo y el aristócrata Benito Nazar Anchorena, se inauguró el ramal del Ferrocarril Belgrano que conectaba Tucumán con Termas. Aquello cambió para siempre la historia local. Por primera vez, una vía de ingreso directa traía turistas, esperanzas y economía.
Pero Posse no se detuvo allí: fundó el Aero Club Tucumán y fue precursor del turismo aéreo en la región. “Soñaba con una línea regular que uniera Tucumán, Santiago y Río Hondo”, dice la nota. Su avión personal, “El Águila”, era prestado con frecuencia a los visitantes, y de su bolsillo costeó pozos de agua termal para ayudar a los primeros hoteleros. Nunca cobró un centavo por ello. Como bien subraya su nieto, “jamás lucró con el turismo en la zona, sólo fue un generador de proyectos que lograba cristalizar, para pasar a otros”.
Su casa, entonces ubicada donde hoy están las aguas del embalse, fue también símbolo de su compromiso: abierta, generosa, solidaria. Se cuenta que donó un busto de sí mismo, hecho por el escultor Enrique Prat Gay, discípulo de Lola Mora, y que una calle y una plaza llevaron su nombre.
Y aquí, la historia se funde con otra memoria: la del arquitecto Ramón Lencina, estudioso apasionado de la historia local, quien aporta una perla poco conocida. “La primera vez que se nombra a esta localidad como ‘Termas del Río Hondo’ —dice— fue en una placa de 1907 que existía en la esquina de Fleming y Rivadavia”. Allí, Posse y otros visitantes colocaron su firma y el nombre de un paraje pintoresco: ‘La Cascada del Suspiro’, una vertiente natural al final de calle Rivadavia.
Lencina también recuerda que la actual calle Mar del Plata, antes de su renombramiento, se llamaba Nicanor Posse. “Se especula que el cambio se dio durante la intendencia de Papagni, en un gesto de reciprocidad con la ciudad balnearia que también tiene una calle llamada ‘Termas de Río Hondo’”.
Una historia que pide volver
Conmueve leer que “hasta la placa con los nombres de los primeros propulsores, que se exhibía en la farmacia antigua, ha desaparecido”. Como si el agua no sólo hubiera cubierto su casa, sino también parte del reconocimiento colectivo que merece. Como si el silencio se hubiera adueñado del recuerdo de aquel que trajo trenes, aviones, turistas… y futuro.
Pero Termas, Nuestra Historia está para eso: para nombrar lo que el tiempo quiso borrar. Para rescatar del olvido a quienes soñaron la ciudad cuando no era ni ciudad. Para recordar que muchos de nuestros paisajes más queridos nacieron del empeño de personas como Nicanor Posse. Y para hacer justicia —aunque sea simbólica— con una figura cuya generosidad silenciosa dejó una huella tan profunda como las aguas que la ocultaron.
Porque en cada relato que compartimos, celebramos la identidad compartida de quienes nacieron aquí y de quienes, como Posse, eligieron amarnos tanto que se hicieron parte de lo que somos.
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