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Carlos Bueno, el médico que marcó a generaciones

A los 75 años, el pediatra Carlos Bueno continúa ejerciendo la medicina con la misma vocación que lo impulsó desde joven. En una entrevista para el programa Miradas, el médico repasó su historia personal, su trayectoria profesional y reflexionó sobre los cambios que observa en la salud y en la infancia actual. Nacido en Villa Ojo de Agua y criado entre carencias propias de los pueblos rurales, aseguró que esas experiencias marcaron su vida y lo motivaron a estudiar medicina. Tras formarse en Córdoba y especializarse en pediatría en Río Cuarto, llegó a Las Termas de Río Hondo en 1977 para desempeñarse en el hospital público, donde comenzó una carrera que lo convertiría en uno de los médicos más queridos de la ciudad.

Durante la entrevista, Bueno recordó los primeros años de trabajo en el antiguo hospital termeño, cuando las guardias podían atender entre cien y ciento veinte pacientes y los recursos sanitarios eran limitados. En ese contexto, explicó que la pediatría fue para él mucho más que una especialidad médica: “mi vida son los chicos”, afirmó, al tiempo que describió la emoción que todavía le genera asistir un nacimiento. Conmovido, confesó que cada vez que escucha el primer llanto de un recién nacido siente una profunda emoción y agradece que una nueva vida llegue al mundo. También recordó momentos difíciles, como cuando un bebé nace sin vida, situaciones que —según explicó— dejan una marca profunda en cualquier médico.

A lo largo de casi cinco décadas de trabajo, el pediatra también fue testigo de importantes cambios en la infancia. Entre ellos, destacó el impacto del uso temprano de teléfonos celulares en los niños, que según su experiencia afecta la comunicación y el desarrollo social. “Antes los chicos hablaban, jugaban y se relacionaban; hoy muchos llegan al consultorio mirando el teléfono”, señaló. Además, advirtió sobre el aumento de problemas respiratorios y trastornos alimentarios en la niñez, asociados —según su mirada— a la contaminación, el sedentarismo y los hábitos alimentarios actuales.

Más allá de los avances tecnológicos en medicina, Bueno defendió el valor de la observación clínica y del trato humano con los pacientes. Para él, el primer contacto siempre debe ser con el niño y no con los estudios o aparatos. “Hay que mirar al chico, escuchar cómo se mueve, cómo se expresa; muchas cosas se descubren ahí”, sostuvo. En ese sentido, también resaltó el rol fundamental de enfermeras, secretarias y personal sanitario en el funcionamiento del sistema de salud, a quienes consideró “parte esencial del trabajo médico”.

A pesar de su extensa trayectoria, el pediatra no piensa en el retiro. Continúa atendiendo tanto en el sector público como en consultorios privados y en salas municipales de distintos barrios de Termas. Su motivación, explicó, sigue siendo la misma que cuando comenzó: ayudar a las familias y acompañar a los niños en su crecimiento. “Mientras pueda servir a la gente, voy a seguir”, afirmó.