Termas de Río Hondo, ciudad conocida por sus aguas termales y su creciente renombre internacional, alberga joyas culinarias que narran historias de familia, tradición y un profundo amor por los sabores autóctonos. En la más reciente parada del programa de TV, «La Ruta del Sabor», tuvo el privilegio de cruzar el umbral de La Casa de Rubén, un emblema gastronómico con casi treinta y cuatro años de trayectoria, guiados por la cálida bienvenida de su fundador, Rubén.
«Bienvenidos a mi restaurante», nos recibe Rubén con una sonrisa que refleja décadas de dedicación. Su historia es la de un emprendimiento familiar, forjado junto a su señora, que ha crecido con tesón y, según confirman sus fieles clientes, con rotundo éxito. Los inicios se remontan a «El Gran Sergio», en Hipólito Yrigoyen y Ruta 9, seguido por más de una década en un local alquilado en Sarmiento casi Caseros. La visión se consolidó en 1992, al adquirir un baldío que, tras años de esfuerzo, se transformó en el actual restaurante, uno de los pocos en la ciudad diseñado específicamente para su función.
Originario del histórico pueblo de Villa Río Hondo, Rubén mantiene un fuerte lazo con sus raíces, visitándolo varias veces por semana. Esa conexión se palpa en la carta. «Influye mucho en el tema de los pescados, mi padre era un especialista», confiesa, «y también nos basamos en nuestras comidas autóctonas«.

El Cabrito: Estrella Indiscutible
Al preguntar por los platos favoritos de la clientela, la respuesta es inmediata: el cabrito. Pero no cualquier cabrito. «El que ofrecemos aquí en Termas de Río Hondo es un cabrito que se ha adaptado al clima y la alimentación es muy diferente», explica Rubén. Proveniente de zonas como Guasayán o Loreto, este animal se alimenta de hierbas locales muy especiales que le confieren un sabor único y distintivo, diferenciándolo, por ejemplo, del cabrito cordobés. «Eso hace que sea el plato favorito», afirma.
Junto al rey de la casa, brillan el dorado, las tradicionales empanadas, el locro en días festivos y las pastas caseras, amasadas con manos expertas en la propia cocina del restaurante. La materia prima, conseguida en el departamento Río Hondo, es clave. Incluso el postre tiene sello local: el arrope con queso de cabra, un producto que gana adeptos por su calidad y valor nutricional.

Al Corazón de la Cocina: Cabrito a la Provenzal
Guiados por Rubén, nos adentramos en la cocina, el epicentro donde la magia ocurre. Allí nos espera Natalio, el chef, con treinta años de experiencia y oriundo de Termas. Hoy nos revela los secretos del Cabrito a la Provenzal.
El ritual comienza con aceite de oliva y ajo chisporroteando en la sartén, liberando aromas embriagadores. Rubén explica el origen francés del nombre (Provenza), pero aclara la adaptación local: «Hemos puesto otras clases de hierbas, como el tomillo, que tenemos en nuestra región».
Luego, ingresa el cabrito, previamente horneado, para impregnarse de sabor. Un chorro de vino blanco flambea la preparación, evaporando el alcohol y dejando su esencia. Se suman pimientos morrones para dar color, un toque de caldo, sal fina, pimienta y, finalmente, perejil fresco picado. El plato es un festival de colores y aromas.
«Es un plato bien rápido», comenta Natalio mientras emplata con destreza sobre una fuente tradicional, acompañado de papas españolas y ajos dorados en su punto justo. Rubén defiende esta presentación clásica, a pesar de las sugerencias de su hijo, chef internacional, de modernizarla. «A mí este estilo me dio muchos resultados, no quiero salir de algo que me ha llevado al éxito», sentencia con orgullo.

La Clave: Calidad y Tradición
Rubén enfatiza la importancia de la materia prima de alta calidad, desde el ajo hasta el aceite de oliva, y sobre todo, el cabrito. «Cuando digo cabrito, quiero decir que se alimenta únicamente con la leche de la madre. No pastean», aclara. Este cabrito lechal, de unos 5 o 6 kilos y aproximadamente 30 días, garantiza una carne tierna, nada fibrosa, que se desprende fácilmente del hueso.
Probamos la creación de Natalio. La carne es increíblemente tierna, jugosa. Los sabores del ajo, el vino y las hierbas están presentes, pero en perfecto equilibrio, permitiendo que el sabor delicado y característico del cabrito santiagueño sea el protagonista. «El cocinero tiene cuidado de que los sabores no superen el sabor del cabrito, eso es fundamental», subraya Rubén.
Un Legado Familiar y Pionero
La Casa de Rubén no es solo comida, es historia familiar. Iniciado con la ayuda de hermanos y primos, hoy sigue siendo un núcleo donde la familia participa activamente. Rubén recuerda con orgullo haber sido pionero en Termas: «Fue el primer restaurante con aire acondicionado, el primero con baños para niños, uno de los primeros con asador a la vista y cocina a la vista».
Sus hijos crecieron en el negocio. Aunque el mayor, chef, propone innovaciones, y el tercero divide su tiempo con la mecánica, todos llevan la gastronomía en la sangre. «Es muy probable que sigan el emprendimiento», comenta Rubén, dejando el futuro en sus manos.
Mientras conversamos –casualmente en el día de su 57 cumpleaños–, la pasión de Rubén por su oficio es evidente. Selecciona personalmente los cabritos, la carne, cuida cada detalle. Ha cosechado no solo éxito, sino también amistades en todo el mundo gracias a su hospitalidad y la calidad de su cocina.

Despedida con Sabor a Quiero Más
Nuestra visita a La Casa de Rubén concluye con la satisfacción de haber conocido no solo un restaurante, sino un hogar donde la tradición culinaria se honra con esmero y se comparte con generosidad. Es un testimonio del poder de la cocina familiar y de la riqueza gastronómica de Termas de Río Hondo, un destino que, como bien afirma Rubén, ofrece una de las mejores gastronomías del mundo, apreciada por visitantes de todos los rincones del planeta. Sin duda, una parada obligatoria en cualquier ruta del sabor que se precie.
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