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Rodrigo Medina: la lucha silenciosa de un niño termeño contra un tumor poco frecuente

Las Termas vive con atención y esperanza la historia de Rodrigo Medina, un niño de 10 años que enfrenta un complejo tratamiento oncológico por un tumor en el maxilar, con prolongados períodos de internación en el Hospital Garrahan, en la Ciudad de Buenos Aires. Su abuela, Viviana Cuevas, compartió el difícil camino que atraviesa la familia y el presente de salud del pequeño, que continúa bajo estrictos controles médicos.

Según relató, el cuadro de Rodrigo se agravó a comienzos del año pasado, cuando los síntomas iniciales fueron confundidos con problemas en las amígdalas. Tras derivaciones médicas, estudios y una biopsia, llegó el diagnóstico más temido: un tumor maligno, que obligó a una compleja intervención quirúrgica y a una traqueotomía, dispositivo que aún debe utilizar y que, según los especialistas, podría acompañarlo durante varios años debido a la patología que presenta.

El niño fue sometido además a una gastrostomía y durante cuatro meses se alimentó exclusivamente con leche. La familia permaneció largos períodos en Buenos Aires entre marzo y octubre del año pasado, con posteriores regresos en noviembre, diciembre y enero por complicaciones y controles. Actualmente, Rodrigo continúa en seguimiento permanente, con estudios cada dos meses que incluyen resonancias, ecografías, tomografías y análisis de laboratorio.

Los médicos explicaron a la familia que se trata de un caso poco frecuente en la infancia. “Son tumores reincidentes que el mismo organismo los va generando”, señaló su abuela al reproducir las palabras del oncólogo, quien describió la situación como una carrera contra el tiempo para detectar cualquier recaída a tiempo. Incluso, según indicó, se trata de una patología extremadamente rara en niños, con apenas tres casos registrados a nivel mundial.

A pesar del diagnóstico complejo, los especialistas decidieron no aplicar quimioterapia ni radioterapia en esta etapa, debido a que la cirugía permitió extraer completamente el tumor y la enfermedad no muestra signos de avance. Sin embargo, el seguimiento será de por vida, con controles constantes para detectar cualquier reaparición.

En lo cotidiano, la enfermedad impactó en la vida de Rodrigo. Actualmente no puede realizar deportes ni actividades físicas, y pasa gran parte del tiempo en casa. Aun así, la familia destaca su evolución: ganó peso, se encuentra más estable y, si su estado lo permite, este año podría comenzar la escuela.

También expresó un profundo agradecimiento al Hospital Garrahan y a toda la comunidad que acompaña y consulta permanentemente por la salud del niño. “Lo de él es largo, no son meses, son años”, afirmó, aunque destacó que hoy el panorama es alentador y que la familia mantiene la fe en su recuperación.