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La historia de un termeño que encontró su voz en la escritura

A más de 1.500 kilómetros de distancia de su Termas de Río Hondo natal, Álvaro Santiago Rizzo encontró en la escritura el refugio que no sabía que necesitaba. Con 27 años y próximo a cumplir los 28 en octubre, este joven del barrio Soberanía Nacional vive desde hace dos años y medio una experiencia que lo llevó del dolor de una ruptura sentimental al descubrimiento de una pasión literaria que nunca imaginó.

Hijo de Marcelo Guillermo Rizzo y Mirtin Erróldán -conocida en la comunidad por su trayectoria como maestra de la Escuela Rafael Obligado 761 hasta su jubilación-, Álvaro creció en una familia unida de cuatro hermanos. «Yo creo que en un punto, hoy lo veo en grande, creo que fuimos en ese momento una familia perfecta en muchos sentidos», recuerda con nostalgia.

El viaje que cambió todo

Su historia de transformación comenzó cuando decidió alejarse de Termas en busca de nuevas experiencias. Primero se dirigió a la costa atlántica, a San Bernardo, donde trabajó como camarero durante los meses de verano. Sin embargo, circunstancias adversas lo llevaron a Villa Gesell, donde se reencontró con una persona significativa en su vida.

Fue allí donde surgió la idea de probar suerte en el sur argentino. «Mucha gente me dijo que venga al sur, mucha mucha gente, entonces me resonó la idea», explica Rizzo. Después de un paso sin éxito por Bariloche, llegó a Villa La Angostura, donde el destino le tenía preparada una oportunidad inesperada.

«Encontré trabajo instantáneamente, sin buscar», relata sobre ese momento crucial. Un encargado de cabañas de origen jujeño lo conectó con su hijo, quien trabajaba en construcción, y al día siguiente de conocerlo ya tenía empleo. Durante diez meses se desempeñó en el rubro de la construcción y albañilería, hasta que finalmente retornó a la gastronomía, sector en el que continúa trabajando.

La escritura como salvación

Pero el verdadero punto de inflexión en la vida de Álvaro llegó con una ruptura sentimental que lo sumió en una profunda crisis emocional. «Era tanta la dependencia emocional que tenía, que me llevó a sumergirme en espacios internos que nunca quise conocer», confiesa con sinceridad.

En ese proceso de duelo, algo inesperado sucedió: comenzó a escribir compulsivamente. «Nunca escribí ni leí por mi voluntad», admite, pero la necesidad de expresar sus sentimientos lo llevó a plasmar sus pensamientos en papel de manera obsesiva. «Escribí en cualquier lugar, escribí mucho, mucho, mucho. Escribí en el trabajo, apenas me despertaba, antes de dormir, en cualquier situación».

Posteriormente, la lectura se sumó a este proceso de autoconocimiento, ayudándolo a «darle títulos a cosas que yo sentí y pensaba, que yo no sabía definir».

Nacimiento de un proyecto literario

La sugerencia de un amigo de convertir sus escritos en un libro inicialmente lo sorprendió. «Tenía la idea de que para escribir un libro tenés que tener muchas experiencias, aprender mucho o tener estudios», reconoce. Sin embargo, decidió recopilar todos sus manuscritos y transcribirlos digitalmente.

El año pasado se contactó con la editorial cordobesa Tinta Libre para iniciar el proceso de publicación, aunque circunstancias económicas y personales lo obligaron a postergarlo. «Ya había avanzado mucho», explica, y durante este tiempo se fueron presentando «personas y situaciones muy extrañas que reforzaron la idea de que estaba por un buen camino».

Su objetivo con el libro, que se denomina «Des-cubrirme»,  es claro: «Llegar a las personas y que puedan leer el libro y que les pueda hacer ver algunas cosas, que una de tantas es que no, por más que nos sintamos solos o no comprendidos, son ideas con las cuales nos identificamos y pensamientos que no nos dejan ver más allá».

La nostalgia y el crecimiento

A pesar de la distancia física y emocional, Álvaro mantiene un vínculo afectivo profundo con su tierra natal. «Extraño sentirme en casa, extraño compartir con la familia, salir con mis amigos, ir a tomar mate o salir a jugar un partido de fútbol», enumera con melancolía.

Sin embargo, su perspectiva sobre el regreso es compleja. Una visita de mes y medio a Termas el año pasado le confirmó que, aunque el cariño permanece intacto, su proceso de crecimiento personal requiere mantenerse alejado. «Me di cuenta de que el pensamiento colectivo al estar en un lugar te lleva a pensamientos e ideas que no te dejan progresar», reflexiona.

Un mensaje de superación

Desde su experiencia, Álvaro quiere transmitir un mensaje esperanzador: «Todos se pueden, los miedos solamente existen en nuestra mente y los creamos nosotros». Su filosofía se basa en la confrontación de los temores: «No hay nada más liberador que detectar un miedo y confrontarlo, porque una vez que lo confrontas ese miedo desaparece».

Para él, las herramientas más poderosas para la liberación personal son «la aceptación y el perdón», elementos que considera fundamentales para «liberarse de toda esa mochila, de toda esa carga pesada que muchas veces llevamos en nuestras espaldas».