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El Hospital Hidrotermal de Termas de Río Hondo

En la historia de Las Termas de Río Hondo, hay lugares que, sin necesidad de grandes marquesinas, lograron marcar a fuego el destino de la ciudad. Uno de ellos, sin dudas, es el Hospital Hidrotermal. Aunque muchos vecinos lo conozcan hoy como la Escuela para Adultos o con recuerdos de haber sido el Hotel Floresta, su etapa como hospital marcó un antes y un después para la salud pública en la ciudad, y lo más importante: consolidó a Termas como un centro nacional de medicina termal.

Corría el año 1945. Bajo el impulso del entonces presidente Juan Domingo Perón, y con el empuje ideológico del Dr. Ramón Carrillo —eminencia sanitarista y ministro de Salud de la Nación— se trazó una estrategia nacional de salud que incluía la creación de centros hidrotermales para aprovechar los recursos naturales en función del bienestar colectivo. Así nació el Hospital Hidrotermal de Termas de Río Hondo, luego de que se expropiara el Hotel Floresta, un edificio icónico de la ciudad.

La lógica era simple pero revolucionaria: si las aguas termales eran capaces de curar, había que ponerlas al servicio de la población, especialmente de los trabajadores. El proyecto se emparentaba con otra gran obra gemela ubicada en Epecuén (Buenos Aires), ambas únicas en Sudamérica en su tipo. Como indica el informe histórico del CONICET, estos centros buscaban “proveer atención médica gratuita a pacientes con enfermedades reumáticas y validar científicamente los efectos curativos del termalismo” .

La inauguración del Instituto Hidro-Termal en julio de 1948 no fue un hecho aislado. Formó parte de un ambicioso plan de infraestructura que también incluyó la inauguración del Casino en 1943 y otras obras urbanas claves en la configuración moderna de Termas.

El hospital, más allá de su estructura edilicia, funcionaba como una unidad de salud especializada. Médicos como el Dr. David Miguel Ángel Lugones, pionero de la traumatología en la provincia, encabezaron tratamientos con técnicas de avanzada para la época, que combinaban baños termales, fisioterapia, masajes, fangoterapia y técnicas complementarias que situaban a la ciudad como epicentro de una nueva forma de hacer medicina.

La visión era clara: “una medicina preventiva, popular y adaptada al entorno natural”, en palabras que podrían haber sido pronunciadas por el mismo Carrillo. Y no se trataba de una utopía. La demanda creció, llegaron pacientes de todo el país, y el nombre de Termas de Río Hondo empezó a sonar con fuerza en congresos de salud, universidades y círculos médicos. La identidad termal se afianzaba no solo como recurso turístico, sino como política sanitaria.

Un legado que se desvanece

Pero con el tiempo, la balanza comenzó a inclinarse. Las aguas termales, otrora asociadas a la salud, empezaron a vincularse más con el ocio y el entretenimiento. Las décadas posteriores transformaron la ciudad en una usina turística de verano, y la dimensión sanatorial fue cediendo terreno. Hoy, aunque Termas conserve una infraestructura moderna, con el Centro Integral de Salud o iniciativas como Llajta Súmaj, el foco ya no está en el termalismo médico.

Y aquí es donde la historia del Hospital Hidrotermal vuelve a cobrar sentido. No solo como una postal de la memoria, sino como un faro de lo que alguna vez fuimos capaces de construir desde una visión integral: salud, ciencia, naturaleza y comunidad.

Reflexiones para el futuro

Termas de Río Hondo sigue siendo una ciudad única. No hay otra en Latinoamérica donde “todas las viviendas y hoteles estén dotados de agua termal”. El acceso a este recurso, sin embargo, debería ir más allá del lujo del relax: debe ser pensado nuevamente desde la salud, desde la prevención y desde la equidad.

Mientras otras localidades argentinas como Carhué o Federación reinventan su oferta termal con enfoque medicinal y turístico, Termas tiene la oportunidad histórica de recuperar ese legado.

Quizás la clave esté en mirar hacia atrás, hacia esa gesta que comenzó en 1948 con un hospital hecho de convicciones. Porque como decía Carrillo: “Los problemas de salud no se resuelven sólo en hospitales, sino con políticas públicas que abracen el bienestar del pueblo”.

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