Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (Unse) desarrolló un dispositivo portátil para la detección de arsénico en agua que utiliza la corriente eléctrica como señal analítica, con el propósito de hacerle frente a uno de los problemas crónicos de varias zonas de nuestra provincia.

Se estima que entre dos y cuatro millones de personas en la Argentina están expuestas a aguas con arsénico, un contaminante natural cuya ingesta prolongada puede ocasionar distintos problemas de salud, como el hidroarsenicismo crónico regional endémico (Hacre), una enfermedad que en su etapa más avanzada puede producir cáncer de piel u otros órganos.

Este problema afecta a gran parte del territorio argentino, principalmente la llanura chaco-pampeana, que incluye las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán y Buenos Aires, y se profundiza en aquellos pueblos y parajes en los que no hay acceso a la red de agua potable ni a métodos de medición confiables que permitan saber si el agua es apta para el consumo humano.

«Hemos estudiado, calibrado y validado el método de detección; para eso hemos llevado a cabo las determinaciones en dos parajes de Santiago, en Buey Muerto y La Aurora, donde validamos los datos con métodos de referencia y encontramos que coincide en un 95% con los valores, o sea, que se puede utilizar», afirmó la investigadora del Conicet Verónica Paz Zanini, que lidera este proyecto.

Segunda etapa

La investigadora advirtió que, para poder transferir este dispositivo a la industria, están trabajando en una segunda etapa de fabricación de los electrodos, que por el momento deben ser importados de Estados Unidos, algo que resulta «cada vez más difícil».

Para desarrollar este dispositivo, se modificaron electrodos de cinta de grafito mediante el uso de plataformas nanoestructuradas, constituidas principalmente con nanopartículas de oro (Aunp).

«El electrodo de cinta de grafito es una tirita similar a las que se utilizan en las pruebas de glucosa, a las que le ponemos un polímero, que es como una goma, y sobre ese polímero depositamos nanopartículas de oro capaces de absorber el arsénico», detalló Zanini, que también es docente de la Facultad de Agronomía y Agroindustrias de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (Faya/Unse).

Este desarrollo permitiría hacer controles permanentes en los pozos de agua de una manera sencilla, transportable y con resultados más precisos que los que se obtienen, por ejemplo, con otros métodos que utilizan las conocidas tiras reactivas.

«El potenciómetro es transportable, son como dos o tres discos duros apilados, y al método lo hemos calibrado para determinar las partes por millón de arsénico en agua, de 10 en 10, y no de 50 en 50», dice Zanini. Para esa tarea hoy utilizan una computadora pero, para una próxima etapa, están tratando de conseguir algún financiamiento para poder conectar este mecanismo a un teléfono celular.

La concentración máxima para el consumo humano

El Código Alimentario Argentino (CAA) establecía, hasta el año 2007, 50 µg.L-1 (microgramos de arsénico por litro de agua) como concentración máxima de arsénico para consumo humano.

A partir de ese año, se modificó el valor límite máximo al propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 10 µg.L-1. Aun así, se extendió un plazo de 10 años para que las jurisdicciones puedan cumplir con el nuevo límite, haciendo la salvedad para aquellos distritos del país con suelos de alto contenido de arsénico, donde se podrán admitir como límite máximo los 50 µg.L-1 hasta contar con los resultados del estudio de «Hidroarsenicismo y Saneamiento Básico en la República Argentina».

Fuente El Liberal