Tranquilina Contreras, (72) dejó de existir ayer a la siesta en el Hospital Regional, 48 horas después de ser atacada a palos por su esposo, Alfonzo «Toro» Agüero (78), ahora formalmente imputado por «femicidio».

La infortunada víctima falleció en la Unidad de Cuidados Intensivos del nosocomio después de un enorme esfuerzo de los médicos, expectantes de la evolución en las tres heridas graves situadas en el cráneo.

El desenlace de ayer tuvo un prólogo con un solo responsable, su marido. El miércoles, a media mañana, el septuagenario estalló de cólera, en consonancia con tantas otras reacciones de neta violencia.

Un incidente con el perro de la casa, se transformó en excusa para que el «Toro» se armara con un palo, o un hierro, y golpeara con locura a Tranquilina. Al contemplarla casi desmayada, el individuo habría bebido soda cáustica que despidió al instante, a través del vómito.

Hallazgo sangriento

Quince minutos después, la pareja fue encontrada por un nieto. Al instante, fueron alertados una ambulancia, las autoridades policiales y la fiscal de turno, Cecilia Gómez Castañeda. La mujer presentaba golpes en la cabeza y el sujeto, vómitos por haber ingerido soda cáustica.

El miércoles y jueves los cargos esgrimidos fueron «homicidio en grado de tentativa agravado por el vínculo en contexto de violencia de género». Sin embargo, el «Toro» será acusado ahora por «femicidio», obvio agravado por el vínculo y el contexto de neto género.

Con médicos y enfermeros shoqueados por el deceso de Tranquilina, la Fiscalía dispuso anoche autopsia para arribar a conclusiones: la hipótesis es de fractura de cráneo, pero también golpes mortales cerca del corazón.

Luego, Gómez Castañeda coordinará con los médicos para indagar al «Toro» Agüero, quien hasta el cierre ignoraba que había dado muerte a su esposa.

Con el imputado longevo, policías y fiscal desplegarán obvia prudencia. Se cae de maduro que no lo enviarían a una comisaría, o a la cárcel, pero es muy probable que lo espere la prisión domiciliaria en casa de algún familiar.

También adquirirán un rol decisivo psicólogos y psiquiatras. Éstos informarán si la salud mental del anciano es permeable, o no, al proceso penal, cuya última estación invariablemente decantaría en una condena a prisión perpetua.