Su nombre es Ismael Fernández, tiene 17 años y quiere ser concejal pero, como por su edad no puede, presentó un recurso de amparo ante la Justicia. Su historia es la de un joven estudiante de Derecho que vive en Tafí Viejo, en la provincia de Tucumán.

Pero además de estudiar ya tiene otra vocación definida y quiere dedicarse a la política, que es lo que realmente le apasiona. «Cumplo 18 años el 14 de mayo, previo a las elecciones. Presentamos una medida cautelar y un recurso de amparo para que me dejen participar en los próximos comicios», contó Ismael al canal de televisión.

El problema es que la ley provincial 5.529, de Tucumán, determina que para ser miembro del Concejo Deliberante se debe tener 22 años de edad.

«La norma tiene su origen en la última dictadura militar. El objetivo de la acción de amparo es declarar la inconstitucionalidad de esta norma que exige tener 22 años para ser concejal, violando los derechos políticos que establece la Constitución Nacional», dijo también en TN Víctor Schedan, que es abogado del joven que quiere ser candidato.

También, Fernández, aseguró que cuenta con el apoyo de su familia para llevar adelante su objetivo, que lo ayudan en todo y que están hasta más ansiosos que él respecto a la respuesta de la Justicia que le permitiría, o no, avanzar con este sueño.

Ismael, si llega al lugar que quiere, no sería el primer político de su familia. Pues actualmente su tía, Alejandra Rodríguez, está en campaña porque buscará ser intendenta en Tafí Viejo.

De todas formas, su interés comenzó por otro lado. Fue cuando iba al colegio y ocurrió un asesinato. «Lo que le pasó a Matías Albornoz Piccinetti (un joven que intentó evitar que le pegaran a un compañero y falleció tras recibir una puñalada en el pecho) despertó en mí una furia, perdí la inocencia de la edad y comencé a involucrarme en otros temas», comentó el chico.

En Gymnasium, un colegio de educación mixta preuniversitario perteneciente a la Universidad Nacional de Tucumán en el que cursó sus estudios Ismael Fernández, también sirvió de espacio para su interés por la política. Ahí, fue presidente del Centro de Estudiantes durante un año.

«Era un trabajo parecido a cualquier gestión, horas y horas trabajando, contactando gente, yendo de acá para allá. Apelando a temas que el alumnado necesitaba hablar, resolviendo diversas inquietudes. A partir de allí entendí que necesitaba meterme en un plano más elevado», dijo el adolescente.