Hay aniversarios que invitan a mirar más allá de una fecha. Nos obligan a detenernos y observar el camino recorrido lo que además nos lleva a preguntarnos por nuestra identidad, la que en muchos casos está ligada a determinados lugares.
En Las Termas de Río Hondo, uno de esos espacios en común que tenemos los termeños es el Centro Cultural General San Martín, que este 20 de junio de 2026 celebra 46 años de historia.
Su inauguración, ocurrida el 20 de junio de 1980, no fue simplemente la apertura de un edificio. Fue la materialización de un proyecto ambicioso que buscaba colocar a Las Termas en un lugar de privilegio dentro del turismo y la cultura nacional.
La escritora e investigadora Alba Rojas de Vagliati, testigo directa de aquellos años, recordaba que la obra nació en una ciudad que atravesaba una etapa de crecimiento y modernización. Según relató, la gestión encabezada por su esposo el intendente Juan Carlos Vagliati entendía que hacía falta un espacio que jerarquizara la oferta cultural y turística de la ciudad, capaz de atraer visitantes, congresos y eventos de nivel nacional e internacional.
La gestación del edificio estuvo marcada por la tenacidad El proyecto buscaba jerarquizar la ciudad para atraer a un turismo internacional que empezaba a demandar infraestructuras de primer nivel. Lo que muchos desconocen es el ingenio detrás de su estructura: como si fuera un símbolo de la unión entre el progreso ferroviario y el arte, la base del inmenso escenario se construyó utilizando antiguas vías de ferrocarril en desuso.
La magnitud del evento quedó demostrada por la presencia de las máximas autoridades regionales, incluyendo a los gobernadores de Tucumán, Córdoba y Santiago del Estero.
El edificio no era solo una cáscara imponente; nació con la distinción de ser el primer centro de convenciones turístico de la Nación, equipado con una tecnología de vanguardia que permitía traducciones simultáneas en cuatro idiomas y una sala de cine de última generación.
Los testimonios de quienes estuvieron allí, como el de Perla Vagliati, describen un «mundo de gente» que desbordaba entusiasmo.
Durante la noche de apertura, en las galerías que rodean el centro, los artesanos locales exhibían y vendían sus trabajos en paja, palma y cestería, demostrando que el progreso no tenía por qué olvidar las raíces.
El escenario, sostenido por los viejos rieles, vibró con la potencia del Coro Municipal, bajo la dirección del profesor Franklin Ponce. Pero el momento que quedó grabado a fuego en la memoria de los asistentes fue la presentación de las principales figuras del Ballet Estable del Teatro Colón, que trajo a un jovencísimo Julio Bocca a las tierras santiagueñas. La velada culminó con una cena de gala en el Hotel Los Pinos.
Durante años también funcionó como punto de encuentro para turistas y vecinos. Los recordados «Jueves Culturales» convocaban salas repletas de público, mientras niños y jóvenes encontraban allí un espacio para mostrar sus talentos y fortalecer su vínculo con el arte.
Sin embargo, la historia del Centro Cultural también conoció momentos dolorosos. El más dramático ocurrió en abril del año 2000, cuando un incendio intencional destruyó gran parte de sus instalaciones. El fuego consumió butacas, cortinados, equipamiento y buena parte de un patrimonio construido durante décadas. Para muchos termeños fue una de las jornadas más tristes de la historia reciente de la ciudad.
Reconstruido durante la gestión de Rubén Mera y bajo la gobernación de Carlos Juárez. Fue mejorado en la gestión de Gerardo Zamora en 2014.
Como bien dice el testimonio de la memoria viva de nuestra ciudad: «Nada muere… todo cambia», y es nuestro deber como ciudadanos ponernos firmes para conservar estos espacios del pasado que definen nuestra identidad.
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