8 de septiembre de 2026

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Estudiantes de Pozuelos transforman problemas de su comunidad en proyectos de ciencia y tecnología

Los alumnos del Colegio San Cayetano desarrollaron siete proyectos y tres llegaron a la instancia provincial. AgroScan y Plásticos que Respiran recibieron distinciones, mientras que Lumine fue seleccionado para representar a Santiago del Estero en la instancia nacional.

La realidad cotidiana de una comunidad rural se convirtió en el punto de partida para que estudiantes del Colegio San Cayetano de Pozuelos desarrollaran proyectos vinculados con la tecnología, el ambiente, la producción y la seguridad comunitaria.

La institución presentó inicialmente siete proyectos en la Feria de Ciencia y Tecnología. Tres de ellos lograron avanzar a la instancia provincial y obtuvieron reconocimientos: “Plásticos que Respiran”, “AgroScan” y “Lumine: Pueblo Seguro”, este último seleccionado para participar de la instancia nacional.

El docente Jonathan Brito Rodríguez, profesor de TIC y acompañante de los estudiantes, destacó el trabajo realizado por jóvenes que desarrollaron sus propuestas en un contexto rural y con recursos limitados.

Según explicó, los proyectos fueron trabajados bajo el enfoque STEAM, integrando ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática. La intención no fue solamente incorporar tecnología, sino utilizar distintas áreas del conocimiento para abordar problemas concretos de Pozuelos y su entorno.

De los residuos a una escuela sustentable

Uno de los proyectos distinguidos fue “Plásticos que Respiran”, un macroproyecto de educación ambiental que busca avanzar hacia una escuela sustentable.

La propuesta incluye diferentes iniciativas. Una de ellas es “Banca Viva”, mediante la cual los estudiantes construyen bancos utilizando adobe y botellas como parte de una estrategia para aprovechar recursos locales y reutilizar residuos.

También desarrollaron letras tridimensionales utilizando partes de botellas y un dispositivo para fabricar hilos a partir del plástico. Esos hilos fueron utilizados en intervenciones artísticas sobre tela metálica.

La propuesta incorporó además un objetivo pedagógico: los estudiantes utilizaron diferentes colores para identificar consonantes, vocales, números y signos de puntuación. De esta manera, una intervención ambiental también se transformó en una herramienta destinada a acompañar procesos de alfabetización.

Otra de las iniciativas consistió en la elaboración de una media sombra utilizando aproximadamente 500 botellas de tres litros, cada una acompañada por una frase positiva.

El proyecto fue distinguido a nivel provincial y plantea una mirada que va más allá del reciclaje: transformar los residuos en recursos y convertir a la propia escuela en un espacio permanente de aprendizaje ambiental.

AgroScan: tecnología para pequeños productores

Otro de los trabajos reconocidos fue AgroScan, una propuesta pensada especialmente para pequeños productores que no cuentan con conocimientos especializados o recursos económicos para acceder a un diagnóstico fitosanitario.

Los estudiantes realizaron un relevamiento de problemáticas productivas en Pozuelos y Vinará, donde pequeños agricultores pueden sufrir pérdidas de sus cultivos ante la presencia de plagas o enfermedades.

A partir de esa situación desarrollaron una herramienta que utiliza inteligencia artificial para analizar el estado de una planta a través de un teléfono celular y brindar información al usuario.

La aplicación también propone un biopreparado agroecológico casero, buscando ofrecer una alternativa de bajo costo y reducir el uso indiscriminado de pesticidas.

Actualmente el sistema funciona utilizando conexión a internet y datos móviles, pero uno de los objetivos planteados por los estudiantes es lograr que pueda funcionar sin conexión, de manera que la herramienta pueda ser utilizada en sectores rurales donde la conectividad es limitada.

AgroScan recibió una Distinción Provincial durante la Feria de Ciencia y Tecnología.

Lumine: una aplicación para detectar zonas de riesgo

El proyecto que consiguió el pase a la instancia nacional fue “Lumine: Pueblo Seguro”, desarrollado por estudiantes de quinto año.

La propuesta surgió de una problemática cotidiana: los riesgos que enfrentan quienes deben desplazarse por zonas rurales y semiurbanas cuando comienza a oscurecer. Entre las situaciones identificadas aparecen la falta de iluminación, calles en mal estado y la presencia de animales sueltos.

Las estudiantes desarrollaron una aplicación colaborativa que permite a los propios habitantes identificar y reportar lugares considerados peligrosos.

La herramienta utiliza mapas interactivos y tecnologías de desarrollo sin código, además de inteligencia artificial para procesar la información y establecer niveles de riesgo.

La idea planteada por los estudiantes es que cada vecino pueda convertirse en una especie de “sensor humano”: si detecta una situación que considera peligrosa, puede registrarla mediante la aplicación y generar una alerta para la comunidad.

También se incorporan comercios y otros espacios como posibles puntos seguros o de auxilio.

Tecnología, seguridad y turismo rural

Uno de los aspectos que Brito Rodríguez considera centrales es que los proyectos no sean iniciativas aisladas.

Lumine comenzó vinculada a la prevención y a la búsqueda de recorridos más seguros, especialmente ante situaciones de vulnerabilidad que afectan a las mujeres. Posteriormente, los estudiantes comenzaron a articularla con otro proyecto denominado “Anfitriones del Monte”, orientado al desarrollo del turismo rural.

La intención es que la tecnología también pueda servir para acompañar a quienes visiten Pozuelos y Vinará, permitiéndoles conocer los recorridos y contar con información sobre posibles riesgos y puntos de asistencia.

El proyecto plantea incluso una articulación territorial con Termas de Río Hondo, de manera que un turista que conozca la propuesta de turismo rural desde la ciudad pueda acceder a una ruta segura hacia Pozuelos y Vinará.

De esta manera, la tecnología aparece como una herramienta que puede vincular seguridad comunitaria, turismo y desarrollo económico local.

Para el docente Jonathan Brito Rodríguez, uno de los principales valores de la experiencia está en que los estudiantes no trabajaron sobre problemas abstractos, sino sobre situaciones que forman parte de su propia vida cotidiana.

La intención, explicó, es demostrar que los jóvenes rurales pueden desarrollar soluciones tecnológicas utilizando herramientas de bajo costo y, al mismo tiempo, pensar estrategias integrales para mejorar su propio territorio.

El mensaje que buscan llevar a la instancia nacional también tiene una dimensión vinculada al arraigo: la posibilidad de que los jóvenes encuentren oportunidades para permanecer, desarrollarse y proyectar su futuro en sus propias comunidades.