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El día que Termas de Río Hondo sufrió un sismo muy violento

El devastador sismo de magnitud 7,4 que golpeó a Colombia volvió a poner en discusión la capacidad de respuesta frente a grandes terremotos. En Santiago del Estero, los especialistas advierten que un movimiento importante es posible, aunque no puede predecirse cuándo ocurrirá. El antecedente de Termas de Río Hondo en 1997 demuestra que la provincia no está al margen de la actividad sísmica.

El terremoto que sacudió el oeste de Colombia el lunes 10 de agosto volvió a instalar una pregunta que durante mucho tiempo pareció lejana para buena parte de los argentinos: ¿qué ocurriría si un terremoto de gran magnitud afectara a nuestra región?

El sismo colombiano alcanzó una magnitud de 7,4 y provocó graves daños, derrumbes y cientos de víctimas. La tragedia volvió a poner bajo análisis la capacidad de las ciudades para soportar movimientos de gran intensidad y, especialmente, el papel que cumplen las construcciones, los suelos, la planificación urbana y los sistemas de emergencia.

La pregunta también llegó a Santiago del Estero.

Un reciente análisis de El Liberal, realizado a partir de consultas a especialistas de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, advierte que la provincia presenta una peligrosidad sísmica baja-media, menor que la de las principales regiones cordilleranas, pero no está exenta de registrar terremotos importantes.

Y existe un antecedente que para Termas de Río Hondo tiene especial relevancia: el sismo del 17 de junio de 1997.

Un movimiento sísmico que Termas todavía tiene registrado en su historia

A las 19:15 del 17 de junio de 1997, un fuerte sismo tuvo su epicentro al pie de la Sierra de Guasayán, en Santiago del Estero.

El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) lo registra con una magnitud de 5,5 Mw y una intensidad máxima de VI grados en la escala Mercalli Modificada. El movimiento fue percibido en Santiago del Estero, Tucumán y Catamarca.

Pero el dato más significativo para Las Termas, que fue una de las mas afectadas, no está solamente en la magnitud.

El INPRES documentó daños en Termas de Río Hondo, particularmente grietas en paredes y techos de viviendas.

Un estudio oficial posterior, elaborado para el corredor de la Ruta Nacional 9 entre Termas y San Miguel de Tucumán, aporta más detalles: aquel movimiento provocó daños en viviendas y locales comerciales, además de cortes en el suministro eléctrico y en las comunicaciones y el evidente pánico en pobladores locales y turistas.

Es decir, para una ciudad que hoy concentra una infraestructura turística mucho mayor que la existente hace casi tres décadas, el antecedente resulta imposible de ignorar.

Termas ya vivió un terremoto capaz de provocar daños concretos.

Y ocurrió con una magnitud considerablemente menor que la del terremoto que acaba de afectar a Colombia.

¿Qué pasaría si un sismo de mayor magnitud ocurriera en Santiago?

La comparación debe hacerse con cuidado.

Un terremoto de magnitud 7,4 en Colombia no significa que vaya a producirse otro de igual magnitud en Santiago del Estero. Los especialistas remarcaron que Argentina posee fallas capaces de generar terremotos de magnitud 7 o superiores, pero también aclararon que los movimientos recientes de Venezuela y Colombia no permiten anticipar que un terremoto similar vaya a ocurrir ahora en Argentina.

La sismicidad tampoco puede predecirse con precisión.

El mapa de peligrosidad del INPRES establece la posibilidad de que determinadas zonas experimenten movimientos del suelo de cierta intensidad durante un período determinado, pero no permite saber cuándo ocurrirá el próximo terremoto.

Para Santiago del Estero, por lo tanto, la discusión no debería ser si el terremoto colombiano «anuncia» uno próximo.

La pregunta más útil es otra:

¿Qué tan preparada está la provincia para enfrentar un terremoto importante si algún día ocurre?

La construcción, una de las claves

Los especialistas consultados por El Liberal coinciden en que las consecuencias de un terremoto no dependen únicamente de su magnitud.

También influyen la profundidad del sismo, la distancia respecto del epicentro, la duración del movimiento, las características de la falla, el tipo de suelo y la vulnerabilidad de las construcciones.

Martín Falcón, geólogo y docente de la UNSE, explicó que un terremoto importante y superficial podría provocar daños considerables en viviendas y edificios antiguos, mientras que las construcciones modernas realizadas bajo criterios sismorresistentes tendrían mejores posibilidades de resistir con daños menores.

Santiago del Estero cuenta con la normativa INPRES-CIRSOC 103, destinada al diseño sismorresistente. Sin embargo, los especialistas advierten que no toda la infraestructura existente necesariamente fue construida bajo los estándares actuales.

Ese punto adquiere especial importancia en ciudades como Termas de Río Hondo, donde conviven construcciones de distintas épocas y una infraestructura turística que incluye hoteles, comercios, edificios públicos y viviendas.

El geólogo Carlos César Carrizo señaló que la saturación de agua en el subsuelo puede favorecer un fenómeno conocido como licuefacción, capaz de provocar asentamientos y afectar las cimentaciones de las estructuras. Por eso consideró necesario avanzar con estudios y mapas adecuados del suelo para mejorar la planificación urbana.

La Sierra de Guasayán no es un nombre nuevo dentro de la historia sísmica santiagueña.

El estudio oficial del corredor de la Ruta Nacional 9 recuerda también el terremoto del 4 de julio de 1817, considerado uno de los eventos históricos más dañinos de la región y estimado en aproximadamente magnitud 7.

Casi 180 años después, el sismo de 1997 volvió a demostrar que el territorio santiagueño puede experimentar movimientos capaces de generar daños.

Y el propio El Liberal recuperó ahora ese antecedente al consultar a especialistas sobre la preparación de la provincia. Carlos Carrizo recordó la activación de la falla de la Sierra de Guasayán y señaló que existen registros de sismos profundos de hasta magnitud 7 en el territorio, aunque en esos casos la profundidad permite que las ondas pierdan energía antes de alcanzar la superficie.

El verdadero desafío no es predecir: es estar preparados.