En plena Costanera de Termas de Río Hondo, una pasarela de 205 metros conduce hacia una reserva natural de 24 hectáreas donde conviven aves, mamíferos, reptiles, peces y flora del Chaco santiagueño. El guía José Layús acompaña este recorrido por Tara Inti y revela algunos de los secretos de uno de los espacios naturales más singulares del destino.
Hay otra manera de descubrir Termas de Río Hondo. Una que no comienza en una piscina termal ni en el lobby de un hotel, sino caminando lentamente sobre una pasarela de madera, escuchando el sonido de las aves y observando cómo la vegetación se abre paso a ambos lados del sendero.
En la avenida Costanera, en el denominado nodo número 4, comienza el acceso a Tara Inti, una reserva recreativa natural emplazada sobre una isla de 24 hectáreas. Para llegar hay que atravesar un puente peatonal tirantado de 205 metros que funciona como una suerte de transición entre la ciudad y un ambiente donde la naturaleza adquiere todo el protagonismo. Así lo explica José Layús, guía de la reserva, durante el recorrido realizado para Río Hondo Tur.
Tara Inti lleva el nombre que identifica a esta “Isla del Sol” y, desde su inauguración el 12 de mayo de 2012, fue concebida como un espacio para poner en valor la flora y la fauna nativa, preservar la biodiversidad y acercar a visitantes y residentes a un ecosistema natural en pleno entorno urbano.

El recorrido se desarrolla a través de un sistema de pasarelas de madera que atraviesa diferentes sectores de la isla. Según explica Layús, el circuito que actualmente se ofrece ronda los 850 metros y demanda entre 30 y 40 minutos de caminata, además de contar con atractivos complementarios.
Pero medir el recorrido solamente en metros sería quedarse con una parte de la experiencia.
La propuesta invita a caminar con otra velocidad.
La vegetación del Chaco santiagueño acompaña prácticamente todo el trayecto. Tuscas, talas, talillas, algarrobos blancos y negros, quebrachos colorados y blancos, además de especies arbustivas y diferentes tipos de pastos y enredaderas, forman parte del paisaje que rodea las pasarelas. También se identifican especies consideradas exóticas dentro del ambiente provincial, como variedades de paraíso, tipa colorada y timbó u “oreja de negro”.
La señalización permite reconocer parte de esa vegetación y comprender que el paseo no consiste solamente en atravesar un espacio verde: se trata de entrar en contacto con un ecosistema.
Uno de los aspectos más interesantes que surge de la conversación con José Layús es que Tara Inti no se descubre únicamente con los ojos.
En la reserva se registran más de 100 especies de aves a lo largo del año, entre especies canoras, acuáticas y rapaces. Algunas nidifican, otras utilizan la isla para descansar y alimentarse, mientras que determinadas especies migratorias continúan posteriormente su recorrido.
Tacuaritas azules, zorzales, fíos fíos, brasitas de fuego, tordos músicos y otras pequeñas aves forman parte del paisaje sonoro de la reserva. Entre las especies acuáticas aparecen garzas, garcillas, patos y distintas variedades de martines pescadores. También se registra la presencia de caranchos y diferentes especies de lechuzas, incluido el ñacurutú.
Para quienes disfrutan de la fotografía de naturaleza y el avistaje de aves en Termas de Río Hondo, el momento del día puede ser determinante.
Layús explica que muchas aves salen durante las primeras horas de la mañana para buscar alimento y regresan por la tarde a sus lugares de descanso o nidificación. Por eso, las últimas horas del día pueden convertirse en un momento especialmente interesante para observarlas.

Pero hay una condición fundamental: el silencio.
En Tara Inti los animales no están encerrados ni forman parte de una exhibición. Están en libertad y dentro de su propio ambiente. Por eso, la experiencia es visual, pero también auditiva.
Es posible que el visitante no vea inmediatamente un ave entre las ramas. Quizás primero la escuche.
Y allí empieza otra forma de viajar.
El desafío de una reserva natural cercana a una ciudad turística consiste en encontrar un equilibrio entre el acceso público y la conservación.
Según explica Layús, a lo largo de los años el manejo del área fue adaptándose. Los circuitos, las visitas, los ingresos y la cantidad de personas se fueron adecuando para favorecer la permanencia y recuperación de las especies. Ese plan de manejo depende de la Dirección General de Bosques y Fauna, según lo expresado durante la entrevista.
Las propias características de las pasarelas responden también a esa necesidad de convivencia.

El recorrido es elevado y se encuentra delimitado y señalizado, entre otras razones, para reducir el contacto con el suelo y facilitar el tránsito de visitantes en un ambiente donde también existen reptiles.
Entre los animales mencionados durante la recorrida aparecen coipos, nutrias, lobitos de río, liebres, conejos, mulitas, pichis, corzuelas y rastros de zorro gris. También se registra una importante variedad de reptiles, como iguanas, lagartijas, tortugas y distintas especies de serpientes.
Para algunos visitantes, la posibilidad de encontrar una serpiente puede generar cierta inquietud. En Tara Inti, sin embargo, la propuesta es comprender que esos animales forman parte del ecosistema.
Layús menciona la presencia de lampalaguas, cascabeles, yararás y víboras de la cruz. También explica que la lampalagua, una boa constrictora, suele ser una especie tranquila y que los ejemplares observados en la zona pueden alcanzar importantes dimensiones.
La infraestructura elevada permite mantener una distancia entre el visitante y el suelo.
Además, el personal realiza recorridas de control antes, durante y después del horario de apertura para verificar que las condiciones del circuito sean adecuadas. En épocas de altas temperaturas también se presta especial atención a la presencia de abejas y avispas, que pueden construir panales cerca de los senderos. Cuando es necesario, estos son reubicados utilizando el equipamiento correspondiente.
La recomendación general es sencilla: observar, no molestar y respetar la distancia.
Después de atravesar diferentes sectores de vegetación, el recorrido llega a uno de los puntos más particulares de la reserva.
Una bifurcación conduce hacia una laguna ubicada en el sector central de la isla.
Y allí aparece una de las conexiones más interesantes entre Tara Inti y la identidad de Termas de Río Hondo: pequeños ojos de aguas termales.
Layús explica que estos surgentes fueron descubiertos durante los estudios y la planificación de la infraestructura de la reserva. Las pasarelas fueron proyectadas por las zonas más altas de la isla, mientras que la laguna se encuentra en un sector relacionado con antiguos cauces internos del río.

La composición arenosa del suelo y la presencia de aguas termales a poca profundidad favorecen el surgimiento del agua en determinados puntos.
La escena tiene algo especialmente atractivo para quien visita la ciudad por primera vez: el termalismo aparece integrado al paisaje natural.
No es una piscina. No es un spa. No es un complejo turístico.
Es el agua termal emergiendo dentro de una reserva natural.
La laguna también genera un pequeño microclima, más húmedo y con una vegetación particularmente verde.

La laguna y los brazos del Río Dulce aportan además otro componente al ecosistema.
Durante el recorrido, Layús menciona la presencia de bagres, tarariras, dorados, doradillas, viejas de río, pejerreyes y otras especies de peces. En la laguna se observan también mojarras y pequeños peces que sirven como fuente de alimentación para diferentes aves acuáticas.
Es una de las escenas donde mejor puede comprenderse la lógica de la reserva.
El agua sostiene a los peces.
Los peces alimentan a las aves.
La vegetación ofrece refugio y lugares de nidificación.
Y todo el sistema funciona como una red en la que cada elemento cumple su papel.
Por eso, una visita a Tara Inti puede ser mucho más que una caminata: puede convertirse en una pequeña lección sobre cómo funciona un ecosistema.
La reserva también incorpora un componente destinado especialmente a las familias y a los visitantes más jóvenes: reproducciones de dinosaurios.
Durante la entrevista, José Layús aclara que las figuras del Tyrannosaurus rex, Ankylosaurus y Brachiosaurus tienen una finalidad recreativa y educativa, y no representan especies que hayan habitado específicamente la isla.
La historia paleontológica de la región, sin embargo, sí tiene protagonistas reales.
En Tara Inti se exhiben piezas vinculadas con grandes mamíferos prehistóricos encontrados en el lecho del Río Dulce, entre ellos mastodontes, megaterios y gliptodontes. Algunas de estas piezas fueron donadas para su exhibición, y durante el recorrido se mencionan incluso restos óseos como cabezas de fémur.
Así, el paseo propone un salto temporal inesperado: desde las aves que sobrevuelan actualmente la isla hasta los animales que habitaron esta región hace miles de años.
El circuito continúa después de la laguna hasta aproximarse nuevamente a uno de los brazos del Río Dulce.
Y entonces aparece una de las imágenes más representativas del recorrido:
el Dique Frontal al fondo, acompañado por el río y las aves acuáticas.
En este sector, Layús destaca la presencia del biguá o cormorán, conocido localmente con diferentes nombres, y explica un comportamiento fácilmente reconocible: la costumbre de extender las alas al sol para secarlas.
La presencia de peces en el ambiente también explica la concentración de aves acuáticas.
Durante determinadas épocas del año pueden aparecer además flamencos australes, espátulas rosadas, cigüeñas americanas y tuyuyúes.
El paisaje resume buena parte de lo que Tara Inti propone: agua, fauna, vegetación y horizonte.
Al finalizar el recorrido, queda una idea que atraviesa toda la conversación con el guía: Tara Inti no existe solamente para ser visitada.
Existe para ser conocida, comprendida y preservada.
La reserva recibe tanto a turistas como a grupos escolares provenientes de Termas de Río Hondo, localidades del interior y otras provincias. Para Layús, uno de los mayores valores de estas visitas es poder transmitir la importancia de conservar los ecosistemas y revalorizar los espacios verdes.
La invitación final resume el espíritu del lugar: acercarse, disfrutar de este espacio verde y asumir que la reserva es un patrimonio que debe ser cuidado no solamente para quienes la visitan hoy, sino también para las generaciones futuras.


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