25 de septiembre de 2026

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Sotelo, un viaje por los caminos rurales de Río Hondo hacia una capilla que guarda siglos de historia

A apenas 18 kilómetros de Termas de Río Hondo existe un lugar donde el paisaje rural, la religiosidad y la historia argentina se encuentran en un escenario todavía poco explorado por el turismo. Se trata de Sotelo, una pequeña localidad del departamento Río Hondo que conserva uno de los testimonios patrimoniales más singulares de la región: la Capilla Nuestra Señora del Rosario.

El viaje comienza en Termas de Río Hondo. Desde allí se toma la Ruta 93, que permite avanzar cómodamente hasta el desvío hacia los caminos rurales que comunican distintos parajes del departamento. El paisaje cambia rápidamente. El asfalto queda atrás y aparece un camino mayormente enripiado, rodeado por la vegetación característica del monte santiagueño.

Es un recorrido que también permite observar otra dimensión de esta zona: el movimiento de camiones vinculados con la extracción y el transporte de áridos desde las canteras de la región. Entre monte, caminos de tierra y pequeñas comunidades rurales, el trayecto adquiere su propio atractivo. No se trata simplemente de llegar a Sotelo, sino de atravesar un paisaje que forma parte de la vida cotidiana del interior de Río Hondo.

Y cuanto más se avanza, más presente aparece una idea: estamos entrando en un territorio con una historia mucho más antigua que la que podría sugerir su paisaje actual.

El origen de Sotelo está relacionado con Pedro Sotelo de Narváez, conquistador y funcionario de la etapa colonial, a quien se vincula la antigua merced de estas tierras durante el siglo XVI.

Con el paso del tiempo, el paraje quedó integrado a una geografía de enorme importancia para las comunicaciones de la época. Hacia 1687 aparece documentada su relación con el antiguo Camino Real, la ruta que conectaba Potosí con Buenos Aires.

Por estos caminos circularon carretas, viajeros, comerciantes y religiosos. La región del río Dulce formaba parte de una red de caminos que comunicaba diferentes puntos del territorio y que tuvo un papel fundamental durante el período colonial y posteriormente durante los procesos históricos que atravesaron la Argentina.

Hoy, buena parte de ese movimiento ha desaparecido. Sin embargo, algunos lugares permanecen como testigos de aquella historia.

Uno de ellos está en Sotelo.

El camino termina prácticamente junto al cementerio rural.

Y allí aparece una imagen difícil de olvidar: una pequeña capilla rodeada por cruces y sepulturas.

Es la Capilla Nuestra Señora del Rosario, una construcción que se encuentra integrada a un antiguo camposanto y que presenta una característica poco habitual: las tumbas rodean el templo, convirtiendo al conjunto en un espacio donde arquitectura, religión y memoria forman parte de un mismo paisaje.

Las cruces antiguas, los nichos, las ofrendas y las marcas que el tiempo dejó sobre las sepulturas permiten comprender que este lugar no fue solamente un espacio de culto.

También fue —y continúa siendo— un lugar de encuentro para generaciones de familias de la zona.

En noviembre, por ejemplo, las tradiciones vinculadas con la visita a los difuntos y la llamada alumbrada forman parte de las costumbres religiosas que mantienen vivo este camposanto.

Pero quizás la particularidad más llamativa sea la propia arquitectura de la capilla.

La construcción conserva las características de la arquitectura rural tradicional santiagueña.

Sus gruesos muros de adobe se combinan con una estructura de madera de quebracho y algarrobo. Sobre ellos se sostiene una cubierta realizada con caña, paja y barro, rematada con antiguas tejas.

La techumbre se prolonga hacia los laterales formando galerías sostenidas por pilares de madera, creando espacios de sombra y protección alrededor de la nave.

Son materiales sencillos, extraídos o elaborados en el propio entorno, pero utilizados de una manera que permitió que la construcción atravesara generaciones.

La historia del edificio también está marcada por la naturaleza. La antigua capilla fue destruida por el terremoto de 1817 y posteriormente reconstruida por los pobladores, manteniendo características de la construcción tradicional.

El resultado es un templo austero, de dimensiones pequeñas, pero de enorme valor patrimonial.

No sorprende, entonces, que haya sido declarado Monumento Histórico Provincial en 2012.

Como ocurre con muchos lugares antiguos del interior santiagueño, no toda la historia de Sotelo está escrita.

Parte de ella sobrevivió gracias a la memoria de sus habitantes.

Una de las tradiciones más conocidas está relacionada con la Virgen del Rosario. Según el relato transmitido durante generaciones, la imagen habría sido trasladada hacia otro destino, pero desapareció y fue encontrada nuevamente en Sotelo, junto a un mistol. La comunidad interpretó aquel episodio como una señal y allí habría comenzado la devoción que todavía permanece.

La tradición religiosa continúa teniendo una fuerte presencia en la localidad. Cada octubre, la comunidad celebra a su patrona con una jornada que reúne a pobladores de distintos parajes, con misa, procesión y encuentro comunitario.

Es precisamente esa continuidad la que convierte a la capilla en algo más que una construcción histórica.

Su patrimonio permanece vivo.

El interés por Sotelo no se limita a la conservación de un edificio antiguo.

En los últimos años, docentes, investigadores y vecinos han comenzado a mirar nuevamente este territorio como un espacio con posibilidades para desarrollar circuitos culturales, históricos y religiosos.

La docente Adriana Bazán ha trabajado junto a estudiantes en la recuperación de estos relatos y en la búsqueda de nuevas formas de acercar la historia a las generaciones actuales.

Su mirada pone el acento en algo fundamental: la historia también se construye y se conserva de generación en generación, a través de los relatos familiares, las tradiciones y la memoria de quienes habitan estos lugares.

A esta mirada educativa se suma la perspectiva de José Fares Ruiz, director del Museo del Perpetuo Socorro de Termas de Río Hondo, quien plantea una cuestión especialmente interesante para el desarrollo turístico regional: los circuitos religiosos y patrimoniales no deberían limitarse a la ciudad turística, sino extenderse hacia todo el departamento.

Y Sotelo ofrece argumentos para hacerlo.

La capilla conserva referencias religiosas de gran antigüedad, antiguos elementos litúrgicos y una tradición vinculada con la Virgen del Rosario que continúa formando parte de la identidad de la comunidad.

Visitar Sotelo no es una excursión convencional.

No hay aquí grandes complejos turísticos ni una infraestructura desarrollada alrededor del visitante. Y precisamente por eso el recorrido tiene algo diferente.

Es una invitación a salir de los circuitos habituales de Termas de Río Hondo y descubrir qué existe más allá de la ciudad.

El propio trayecto forma parte de la experiencia: la ruta, el ripio, el monte, los pequeños parajes, el tránsito de camiones, el silencio rural y finalmente la aparición de la capilla entre las antiguas tumbas.

Todo compone un paisaje que todavía conserva una fuerte autenticidad.

El desafío está ahora en transformar ese potencial en una experiencia turística que permita conocerlo, preservarlo y disfrutarlo respetuosamente.

Mejorar los accesos, fortalecer la conservación y generar condiciones adecuadas para recibir visitantes son algunos de los pasos que podrían contribuir a incorporar definitivamente a Sotelo dentro de los circuitos de turismo cultural y religioso del departamento Río Hondo.

Porque el patrimonio no siempre se encuentra en los grandes monumentos.

A veces aparece al final de un camino de ripio, rodeado de cruces y bajo la sombra del monte santiagueño.

En sintesis Sotelo es: Un pequeño paraje. Una antigua capilla. Una comunidad que mantiene viva su fe. Y una historia que todavía tiene mucho por contar.

Sotelo no está lejos de Termas de Río Hondo. Está, quizás, a varios siglos de distancia.